Leonardo García Tsao: Otra vez, el cine mexicano salva el día

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Leonardo García Tsao: Otra vez, el cine mexicano salva el día

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Hay una ley no escrita en la competencia de Cannes que no se debe comenzar el festival con algo fuerte. Por alguna razón, el primer día se dedica siempre a algo flojito, como para no esperanzar al respetable.

Así, esta edición presentada hoy la japonesa Notas Nagi ( Notas de Nagi), del realizador Koji Fukada, de quien no había visto ningún otro título de una filmografía iniciada en 2002. La narrativa se sitúa en varios días de marzo en el pequeño poblado titular, donde la escultora en madera Yoriko hospeda a su ex cuñada Yuri para esculpir su busto. Resulta que la primera es una lesbiana que básicamente no ha acabado de salir del clóset, aunque tuvo un amor imposible. Yuri, en cambio, despierta pasiones entre algunos hombres del lugar, sobre todo al padre de un adolescente enamorado de su mejor amigo.

Obviamente influenciado por Yasujiro Ozu en la medida que nada parece ocurrir en la superficie, por las abundantes emociones que se reprimen por prejuicios sociales. Es evidente que Yoriko siente algo por Yuri, pero se limita a esculpirla de manera obsesiva, mientras los muchachos que recién descubren su preferencia gay prefieren intentar huir del pueblo. Notas de Nagi tiene sus momentos, pero plantea todos sus conflictos de forma dialogada y eso la hace algo monótona.

También fue el turno del país anfitrión. Ciertamente el cine francés debe ofrecer algo mejor que La vida de una mujer ( La vida de una mujer), segundo largometraje de Charline Bourgeois-Tacquet. Según anuncia el título, se trata de la complicada existencia de Gabrielle (la siempre convincente Léa Drucker), una cirujana de reconstrucción facial que tiene problemas de pareja, de trabajo y encima responde a la propuesta sáfica de una novelista (Mélanie Thierry) que se interesa en su vida profesional.

La película recurre a convencionalismos dignos de programa televisivo, ya sea referidos a la profesión médica, o al enamoramiento bajo el signo de Lesbos. O sea, este fue el día dedicado a salidas tardías del clóset.

Lo que vino a salvarlo, al menos por lo que a mí respeta, fue Ceniza en la bocatítulo con el cual el mexicano Diego Luna ha logrado su mejor esfuerzo a la fecha como director. La película, una coproducción entre México y España, va de menos a más. Tras un arranque algo confuso por desarticulado, la historia de una joven (Anna Díaz, sorprendente) que enfrenta el abandono de su madre (Adriana Paz) y emigra a España, para cuidar a su hermano menor, donde se gana la vida haciendo diversas chambas, va ganando en peso dramático hasta llegar a la tragedia.

Apoyado en el descarnado realismo de la fotografía de Damián García, Luna va desarrollando los temas de desarraigo en tierra extranjera, sólo para volver a México y exponer los horrores que nos son familiares y cotidianos. A saber, por qué fue excluida de la competencia y relegada a una función especial. Como era de esperarse, la sala Buñuel registró un lleno total con muchos mexicanos presentes en Cannes, incluido Alfonso Cuarón. (Por cierto, la Buñuel es una de las salas más incómodas en todo el espacio del Palais. Ay, don Luis, cuántos crímenes se cometen en su nombre).

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