Leonardo Páez: ¿La fiesta en paz?

Allá, las empresas taurinas no se hincan // Cuatro toreros mexicanos en la Feria de San Isidro 2026

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uando los mexicanos hablamos de España debemos hilar muy fino pues de otra manera caemos fácilmente en extremismos viscerales, en los lugares comunes de nacionalistas e hispanópatas y, lo más grave, en el victimismo de los hijitos desatendidos por una madre desnaturalizada.

La globalización de la fiesta manejada desde Madrid apretó tuercas respecto al proteccionismo de su industria taurina y al aprovechamiento de los enclaves coloniales latinoamericanos, una vez que en las capitales de México, Colombia, Ecuador y Venezuela los cosos respectivos permanecen cerrados. Salvo la importancia de Andrés Roca Rey en las principales ferias del mundo, el resto de los países carece de toreros de nivel internacional que puedan interesar en España, como ocurre con el taquillero diestro peruano.

Es el resultado de la alegre sudamericanización del espectáculo a carga de promotores locales al servicio de esa globalización taurina, que en los citados países benefician a unas cuantas figuras españolas sin posibilidades de beneficiar a diestros latinoamericanos en la península. No hay intercambio equitativo porque la fiesta de España no necesita importar toreros, mientras que las empresas dependientes no quieren encontrar y promover oportunamente a prospectos capaces de reflejar y enorgullecer a sus paisanos.

La prueba más reciente la tuvimos con los cuatro toreros mexicanos que compararon, una tarde cada uno, en la plaza de Las Ventas, dentro de la feria de San Isidro 2026. Nada de toritos de la ilusión en carteles de tronío, salvo Bruno Aloi con un deslucido lote de Juan Pedro Domecq al lado de Diego Urdiales y roca Rey. El resto enfrentó elefantes con cuernos en carteles más bien modestos y con un público casi indiferente ante su discreto desempeño, reflejo además del nivel de la fiesta en México.

El naucalpense Ernesto Javier Tapia, Calitaenfrentó el 13 de mayo un voluminoso y resabiado encierro del Partido de Resina, antes que Pablo Romero, que ofreció muy escasas posibilidades de lucimiento. Como ocurre con la mayoría de los diestros actuales de todas las latitudes, Calita sabe hacer pero dice poco, y con los galafates de esa tarde dijo menos.

Emiliano Osornio, de Aculco, estado de México, es probablemente el novillero con más personalidad, junto con el desaprovechado César Ruiz, que tiene México. En España ha afinado su técnica, reiterado una clase privilegiada y consolidado su elocuente expresión. El 26 de mayo lidió dos novillos del conde de Mayalde, el primero un manso al que le sacó meritorias tandas por ambos lados. Y a su segundo, Osornio lo saludó quizás con las verónicas más bellas, cadenciosas y ensimismadas de toda la feria, con un sentido mexicano del tiempo y del temple que locutores y cronistas no quisieron ver. Con la muleta aprovechó muy bien el recorrido y nobleza del astado y perdió la oreja por una estocada defectuosa. Saludó en el tercio.

Al día siguiente, en otro cartel cuadrado, Isaac Fonseca se enfrentó a un encierro de Pedraza de Yeltes cuyo primero, con 618 kilos, le permitió momentos de lucimiento y su segundo, otra catedral con cuernos mal picado, le propinó violenta maroma por su defectuosa colocación. Maltrecho y sin mirarse la ropa, Fonseca ligó entonces seis muletazos ¡de rodillas! y una faena aseada que no coronó con la espada.

Bruno Aloi, aún sin un sello torero que lo distinga, anduvo valiente y solvente en la comprometedora tarde de su confirmación en Madrid el jueves pasado. Hasta ahí la apertura del “productor artístico” de Las Ventas, Simón Casas, con la torería azteca, que en México seguirá viendo desfilar a los ases importados ante escogidos encierros. Cada quien la fiesta que puede.

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