“Soy una sombra entre las manos de mis sombras”: entrevista con Ana Clavel | El Universal
Ana Clavel (Ciudad de México, 1961) ha creado un universo único donde reina la poética de los deseos, el placer de las fuerzas fundamentales, como ella misma las designa, y el aliento de la búsqueda del padre. Su narrativa ramificada en ocho novelas que van desde Los deseos y su sombra (2000), cuerpo náufrago (2005, Las Violetas son flores del deseo (2007), El dibujante de sombras (2009), Las ninfas a veces sonríen (2013), El amor es hambre (2015), Breve tratado del corazón (2019), Por desobedecer a sus padres (2022) y Autobiografía de la piel (2025), en conjunto, han creado un territorio literario que explora vetas a las que nadie antes había entrado, o por lo menos no con tal fuerza y profundidad.
Pero también sus cinco libros de cuentos, entre los que sobresale el cuento “Paraísos trémulos” (2002), y el de ensayos titulado “Territorio Lolita” (2017), son esencia de esa indagatoria que se concentra en Autobiografía de la piel. Justo esa novela híbrida (tiene ensayo, cuento, poesía, ficción y autoficción) publicada el año pasado por Alfaguara, le ha hecho ganar el Premio Mazatlán de Literatura 2026, que recibió hace unos días, por “la exploración constante del cuerpo, la piel, el deseo, el erotismo, el amor y la intimidad”, y que le permite seguir reflexionando sobre su estética literaria que siempre es transgresora, en la forma y en el fondo, que hurga en la piel, no solo en tanto sensibilidad y memoria, sino como una protagonista con capacidad de reflexionar. “A través de la piel pude ir tocando todos los temas que en mis libros anteriores había desarrollado y ofrecer un panorama más rico, más horizontal como la piel misma”, afirma en entrevista la narradora que ha comenzado a reescribir la primera novela que hizo a los 28 años, la cual ya contenía sus obsesiones literarias, y está metida en la escritura de un libro de ensayos sobre un tema único, y en una novela para jóvenes que, dice, aborda “un temazo”.
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Ana Clavel habla de su nueva novela. (17/02/2025) Foto: Gabriela Aguilar
¿Querías que “Autobiografía de la piel” fuera del libro que contuviera todos los temas que te han interesado?
Sin saberlo yo de una manera tan clara, a través de Autobiografía de la piel Tuve oportunidad de darme cuenta por dónde estaban los hilos de mi trabajo, esta suerte de red que ha ido sosteniendo cada una de las propuestas. Definitivamente está la poética de los deseos y en particular un aliento de búsqueda de la imagen del padre. Eso yo no lo tenía tan claro hasta esta novela. Es una novela híbrida porque tiene ensayo, tiene cuento, tiene poesía y tiene la parte de ficción donde la propia piel habla, pero también de autoficción porque le presto memorias personales al personaje narrador, por la necesidad de legitimar el deseo y el placer como fuerzas fundamentales.
¿Hay una fuerza que ronda el placer del deseo pero también sus peligros?
Si bien nadie en su sano juicio puede estar de acuerdo con la pederastia y con el incesto, no se puede negar la parte del deseo de la Caperucita, de la Lolita, de todas estas situaciones en donde la curiosidad, el deseo, la exploración, la búsqueda, la identidad de qué es lo que somos, nos lleva luego a situaciones de riesgo y nos llena de conocimiento, de exploración en una parte inconsciente a donde nuestro deseo puede ser no solamente peligroso, sino oscuro. No es solamente el terror de ser devorada, sino también un deseo de serlo, es jugar con fuego.
Y esto no es una cuestión de reivindicación feminista, sino que, por ejemplo, el cuento original premia el hecho de que Caperucita sea capaz de integrar las fuerzas amenazantes del exterior y las propias fuerzas de riesgo que la llevan a una situación de peligro. Porque ojalá todos los lobos desaparecieran del camino, pero eso es imposible.
Recibiste el Premio Mazatlán de un estado aislado por la violencia, ¿te hizo pensar en el arte en tiempos de violencia?
Es un verdadero milagro ver que la gente mantiene un espíritu de resistencia, de esperanza, de alegría a pesar de todo lo que sabemos que gira en torno a la violencia criminal. Me acuerdo mucho de las palabras de Italo Calvino, al final de Ciudades Invisibles”cuando Gengis Khan le dice un Marco Polo: “lo importante en este infierno que nos ha tocado vivir es hacerle lugar a lo que no es infierno y hacerlo durar”.
Y ahí conectado con Autobiografía de la piel porque una de las propuestas del libro es justamente que el placer es una fuerza fundamental del ser humano, y necesaria. La gente piensa que placer se relaciona con lo erótico y lo sexual; no, el placer tiene que ver con un bienestar, con un sentirte a gusto que va desde levantarte en la mañana y sentir que estás vivo; Es una infinidad de maneras en las que se nos presenta el placer y no podríamos sobrevivir en este mundo de tinieblas y de tanto conflicto, si no fuera por los pequeños momentos de placer que nos acompañan siempre, aun en los casos más terribles.
¿Para ti cada proyecto antes es una documentación, un querer tener en tus manos el universo para luego contarlo?
Cuando era muy joven, cuando alguien me decía “es que tienes ecos de Onetti”, yo decía “no quiero leer a Onetti porque me va a contaminar”. Es una idiotez absoluta porque en la medida en que vas leyendo y te vas adentrando en otros autores con los que tienes afinidad, el universo se ensancha. Las violetas son flores del deseo no hubiera sido posible pecado las hortensiasde Felisberto Hernandez; cuerpo náufrago no hubiera sido posible sin el orlandode Virginia Woolf; El dibujante de sombras no hubiera sido posible sin el ensayo El arte de la sombra que traza toda la historia de la sombra de la antigüedad hasta nuestros días. Y así de cada proyecto podría citar por lo menos un libro que fue fundamental.
¿Qué tan consciente eres de que cuando escribes y exploras los deseos caminas sobre un abismo?
Ese es un elemento que me llama mucho la atención y me descubre deseante de estar en ese borde, pero que es importante no traspasarlo; he descubierto que en la contención y en el límite es donde más riqueza encuentro para mis propuestas, se da más ambigüedad, más riqueza de la sensibilidad. El placer y el deseo no son tan gozosos más que en la imaginación, en cuanto se realizan dejan de ser valiosos. De pronto descubrió eso y que no necesito ir más allá, que en esa parte de border los límites y quedarse allí, es como uno deja al lector temblando, también.
¿Cómo es escribir del deseo, del cuerpo, de la piel en tiempos donde México y el mundo deja una violencia salvaje en los cuerpos?
También es una suerte de violencia simbólica y matizada, porque en todo acercamiento, sea amoroso o no, siempre hay una violencia, que es una violencia digamos concedida, aceptada, deseada. es Autobiografía de la piel hay dos momentos, uno cuando la narradora habla de que, al salir de un consultorio, de pronto su madre le aprieta la mano y solamente con apretarle la mano le transmite el miedo y el miedo es porque están llegando los granaderos por la calle. Ella sabe del miedo, de la violencia que genera el miedo, a través de ese tacto.
Después hay un momento en que la Piel reflexiona sobre el feminicidio de Ingrid Escamilla porque los titulares en los medios destacan que fue desollada. Entonces, a la piel eso inmediatamente la toca. ¿Cómo que un desollamiento? y entonces, como es muy palabrera, como le gusta reflexionar sobre las palabras, se da cuenta de que en realidad los medios están falseando la información porque unos dicen que desollada, otros mutilada, otros eviscerada, otros cercenada. La Piel se pone a investigar, ve incluso videos y descubre que es tanto el horror que no se puede nombrar. Es el performance macabro de la muerte, lo llama ella, y entonces busca en el diccionario porque, dice, “el español es tan vasto que debe haber un término para decir exactamente lo que le pasó a esta mujer”. No, no la desollaron. No la mutilaron. Lo que le hicieron fue descarnarla, saca la carne del cuerpo.
Y entonces dice que, incluso en este territorio del placer entra también el tema de la violencia contra las mujeres, como un horror tal que a veces es imposible nombrarlo. Y eso es lo que estamos viviendo.
Dice Rosa Beltrán que el miedo está entrando a la literatura, ¿qué tanto estos terrores que ocurren en México también pasan por ti o te contienen para no escribir sobre cierto tema o indagar más antes de escribir?
No hay que olvidar que el miedo también es una fuerza que nos preserva, es una emoción de alerta, de supervivencia, de búsqueda de salir ileso. Pero es cierto que el miedo ligado al horror es lo que se está colando cada vez más en la literatura. Veamos, por ejemplo esa novela magnífica de Fernanda Melchor, Temporada de huracanesy supongo que aun en los que no tratan el tema de manera abierta esa incertidumbre se está colando, pero como en otros periodos también de la historia, pienso en escritores de la Segunda Guerra Mundialcómo vivieron, en la Primera Guerra, momentos de hambruna, a lo largo de la historia, entonces quizás no eran tan evidentes, como ahora y, tampoco tienen la visibilidad pues porque las redes sociales ahora nos permiten enterarnos de tantas cosas.
Por ese miedo que se ha ido colando en nuestra cotidianidad es que es tan importante recurrir al placer, a todo aquello que nos permite abrirnos a la imaginación y allí sí ser libres. Es como contrarrestar desde una resistencia vital a toda esa hecatombe, locura, caos que se cierra en torno a nosotros. Tenemos que reivindicar el goce personal, lograr nuestros sueños, el trabajar en el día a día como una manera de supervivencia personal, pero también colectiva.
Tu literatura está marcada por la hibridez en los géneros y en los temas, ¿nunca te encasillas, por el contrario, siempre te atreves?
La verdad es que sí, sin proponérmelo “Autobiografía de la piel” es una novela transgresora en muchos sentidos desde el punto de vista de los géneros, esta hibridez que va sosteniendo a través de un hilo narrativo, novelesco, en el sentido de reivindicar el deseo y el cuerpo desde las primeras etapas. La transgresión tiene que ver con intentar una suerte de ir más allá, no es una intención del todo deliberada, la propia escritura me exige, me va llevando y en ese sentido. yo soy una sombra entre las manos de mis sombrasun poco como la plegaria del titiritero del teatro javanés que, antes de manipular las siluetas que van a dar origen a las sombras, le pide a la divinidad “déjame ser una sombra entre tus manos”. Y un poco ese es el papel que yo asumo con mi trabajo y que se ha convertido en una propuesta de alguna manera diferente.
¿Qué tanto “Autobiografía de la piel” es un punto y aparte o no?, ¿qué tan importante es dentro de tu trabajo de cuatro décadas?
Cuando la terminé y se publicó, pensé que era un cierre, pero ahora como que me ha caído el veinte y no sé qué tanto es un cierre cuanto un estar más consciente de lo que me conforma y me va a permitir seguir proyectándolo de otra manera, porque mis propuestas siempre buscan ese ángulo especial, el destino literario también es así. Ahora me doy cuenta de que no fue una suerte de recapitulación del trabajo, de honrar a mis ángeles impulsores, tanto a mi padre, como a esa figura que he dejado en la sombra siempre, la que le tocó el día a día con una hija rebelde que es mi madre, ahora próxima a cumplir 101 años.
Supongo que todo eso tiene que condensarse en una propuesta que me permita seguir creciendo. Yo no quiero escribir hasta mis últimos años, pero sí un poco como Philip Roth, seguir y seguir hasta que de plano uno sí ya se dé cuenta de que ya cerró el ciclo de la escritura.
¿Tan sigues que estás reescribiendo tu primera novela q? ¿Ue guardaste en un cajón?
Está la propuesta de retomar la novela, un libro de ensayos con un tema precioso que tengo, una novela juvenil que también es un temazo. Ahorita tengo mucho trabajo, ya lo demás se irá articulando. Hay que ser paciente. Decía Marguerite Yourcenar cuando terminaron los “Cuadernos de Adriano”, que estaba muy nerviosa porque no sabía lo que venía y entonces que una amiga mayor le dijo, “Descansa, hasta la Tierra en el invierno descansa, ¿por qué no ibas tú a descansar?” Y yo creo que sí, eso es parte de seguirse alimentando.
Además, la verdad, un reconocimiento como el Premio Mazatlán te incentiva, te llena de gozo y eso contribuye como una fuente de fortaleza, de entusiasmo, de darte cuenta de que el trabajo como creador vale la pena, Por un lado es una palmadita de “vas bien”, por el otro, te abre puertas. Como decía don Octavio Paz, “Merece lo que sueñas”. Pues hay que merecer los sueños, hay que seguir trabajando para estar a la altura de ellos.
¿El cuerpo aguanta para seguir escribiendo?
Aguantan el cuerpo, la piel y el deseo.
