Sin operadores, sin resultados

El resultado fue, otra vez, el posible, no el deseado. El llamado Plan B de la reforma electoral se permitió descafeinado, y eso exhibe al oficialismo. El nombre de pablo gomez pesa más por lo que dejó de hacer que por lo que intentó. Presidente de la comisión para la reforma electoral, veterano de la izquierda y ex legislador plurinominal, quedó atrapado en una paradoja: desmontar el sistema que lo llevó al poder sin haber amarrado acuerdos mínimos.

El problema no fue de consistencia ideológica, sino de ejecución. La iniciativa nació con un pecado de origen: surgió de una comisión integrada únicamente por miembros de Morena. Un desprecio a las reformas electorales previas, construidas a partir del acuerdo entre todas las fuerzas políticas, incluidas las minoritarias. El pecado fue la soberbia. Llegó al Congreso sin arraigo, sin voces que la defendieron y sin el trabajo político anterior. Se levantó que el sello presidencial bastaba. No fue así.

El primer golpe no vino del Senado, sino de San Lázaro. La reforma se desplomó en Diputados al no alcanzar la mayoría calificada, bloqueada no solo por la oposición, sino también por aliados. Ahí quedó claro que el problema no era de números, sino de control interno.

La escena posterior confirma el descalabro. Ricardo Monreal no hubo; administró la derrota. Reconoció a la oposición, no por cortesía, sino como admisión de que la aplanadora oficialista ya no tenía tracción.

El Plan B iIntentó recomponer la mayoría mediante acuerdos firmados y un respaldo que, en el papel, parecía incondicional. En los hechos, no lo fue.

La tensión dejó de ser discreta. El PT, encabezado por alberto anayamarcó distancia en el momento crítico. Opera bajo una lógica de supervivencia: negociar hasta el límite. Ha bordeado la pérdida de registro y sobrevive volviéndose indispensable. anaya sin despertar; actuó conforme a su biografía política.

El dato más revelador vino después. La presidenta reconoció que el rechazo tuvo un trasfondo pragmático: el temor de sus aliados a que su presencia en la boleta en 2027 beneficiará a Morena. No era un debate legal; Era cálculo político. Esa jugada no la leyó Pablo Gómez.

La reforma se deslavó hasta quedar irreconocible frente a su planteamiento original.

El saldo no es solo parlamentario. Queda una señal inquietante para Claudia Sheinbaum: el oficialismo tiene mayoría, pero no operación. Tiene poder formal, pero carece de disciplina política.

En ese escenario, pablo gomez se diluyó. Los operadores parlamentarios fallaron y el resultado entregado a la presidenta dista mucho de ser defendible.

La pregunta ya no es si hubo errores, eso es evidente, sino quién asumirá el costo. Porque en política, cuando nadie paga, lo que sigue es la repetición del fracaso. Vienen elecciones en 17 estados del país, el congreso, alcaldías y diputaciones locales. Allí se verá si se ajustan cuentas o se mantienen las disputas.

POR CARLOS ZÚÑIGA PÉREZ

COLABORADORA

@CARLOSZUP

MAAZ

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