La 4T y la economía: temores que no fueron y riesgos que persisten
Cuando la 4T llegó al poder en 2018, el principal temor era que no supieran manejar la economía, analistas e inversionistas anticipaban decisiones erráticas para nuestro país. México tiene una historia de crisis económicas profundas, lo que aumentó la preocupación, se convirtió en una constante hablar de pérdida de confianza; el cambio de régimen generó un ambiente de incertidumbre inmediata.
Ese temor creció con algunas de las decisiones del expresidente López Obrador, sus megaproyectos, la expansión de los programas sociales y la cancelación del aeropuerto de Texcoco preocuparon a los inversionistas. Parecía que solo se estaban tomando criterios políticos sobre técnicos, lo que dio origen a episodios de volatilidad y la percepción de riesgo aumentó frente a los temores fundados de un desequilibrio fiscal.
Otra preocupación surgió con la desaparición de algunos organismos autónomos que fueron clave para lograr la estabilidad económica en la última década, su anulación aumentaba significativamente el riesgo de tomar decisiones discrecionales. Al permear la idea de una concentración excesiva de poder, la confianza institucional se vio afectada y los empresarios encendieron alertas frente al debilitamiento del marco regulatorio.
Afortunadamente los temores no se concretaron. México no se enfrentó a una crisis económica profunda y la economía mantuvo su estabilidad a pesar de los momentos complicados. El mayor reto económico del sexenio pasado fue la pandemia, pero el sistema financiero resistió bien y la recuperación se logró de manera gradual, además, el tipo de cambio se mantuvo estable y la inflación fue bien manejada.
Durante la actual administración las cosas han sido similares, incluso hay resultados muy positivos en algunos indicadores; por ejemplo, el peso se apreció frente al dólar y la Bolsa Mexicana creció más de 20 por ciento el año pasado. El manejo de la política monetaria ha logrado las condiciones necesarias para mantener el consumo interno y atraer inversiones extranjeras relevantes, factores indispensables en una economía sana.
Aunque un balance general de la economía en tiempos de la 4T puede ser ligeramente positivo, hay datos que no dejan de ser preocupantes: los niveles de deuda han alcanzado máximos históricos y el desempleo está muy lejos de ser el óptimo. En economía no hay victorias absolutas ni permanentes, se requiere tomar decisiones de forma constante y adaptarse de la mejor manera posible a los cambios globales.
Nuestra economía responde a múltiples factores y muchos de ellos escapan del control del gobierno mexicano, aún así, hay decisiones internas que favorecen o perjudican sustancialmente nuestras posibilidades. El contexto global influye de manera importante, sobra decir que las condiciones actuales no son las óptimas para nuestra economía, pero la disciplina fiscal y priorizar objetivos a largo plazo pueden hacer la diferencia.
En este contexto, la reciente decisión del Banco de México ha generado polémica al grado de cuestionar su independencia, la credibilidad de un banco central es fundamental y cualquier duda afecta la confianza. Los mercados reaccionan a percepciones, la autonomía es clave para mantener la inflación controlada y cualquier decisión que no sea lógica genera incertidumbre; la política monetaria nacional está bajo escrutinio.
El banco recortó las tasas de interés a pesar de la inflación elevada, lo que rompe con la lógica económica tradicional, normalmente se suben las tasas para contenerla. Bajar tasas puede aumentar el consumo, pero también presionar más los precios y reducir el incentivo al ahorro, en el corto plazo puede debilitar la moneda y generar señales contradictorias a los Inversionistas que perciben mayor riesgo.
Toda economía tiene ciclos de crecimiento y caída, intentar prolongar artificialmente la bonanza es riesgoso, se pueden generar desequilibrios futuros y después los ajustes son más dolorosos. La historia lo demuestra, es mejor permitir correcciones graduales que asumirlas de golpe. Negar los riesgos no los elimina, solo los pospone, la prudencia es clave ante los escenarios adversos, la estabilidad real requiere disciplina.
Todo gobierno enfrenta decisiones difíciles, pero la responsabilidad debe superar la conveniencia política, las medidas impopulares a veces son necesarias y es ahí donde se define el futuro. Los gobiernos no solo deben buscar la aprobación inmediata para seguir ganando elecciones, su máxima obligación es la construcción de estabilidad duradera; en esa disyuntiva se juega el país.
POR HÉCTOR SERRANO AZAMAR
CAMARADA
