Michel busca recuperar a su hijo tras varios litigios

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Michel busca recuperar a su hijo tras varios litigios

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▲ Michel Leonor González y el padre de su hijo, Joel Unzueta.fotografía La Jornada

Sanjuana Martínez

Periódico La Jornada
Domingo 31 de mayo de 2026, pág. 11

La pobreza y la violencia han sido parte de la vida de Michel Leonor Martínez González. Huyendo del maltrato familiar, a los 14 años alteró su documento de identidad para empezar a trabajar en una maquiladora CHP de Ciudad Juárez, Chihuahua. Pero nunca imaginó que esa sería la coartada de su supervisor para privarla de la libertad, embarazarla y quitarle a su hijo de iniciales AJUM.

Cuando las autoridades reclamaron a Joel Unzueta, con 30 años más que ella, se defendió: “En su credencial dice que tiene 18 años”. Y a partir de ese momento, denunció a Michel y la llena de procesos judiciales fabricados para no regresarle a su hijo.

El niño ya tiene ocho años, el tiempo que Michel lleva en los juzgados defendiéndose y huyendo de la violencia institucional: “Lo conocí en la maquila con mis papeles falsos. Le dije que vivía mucha violencia en mi casa y me comentó: “vente a vivir conmigo, yo te ayudo a que sigas estudiando”.

Su mamá denunció su desaparición bajo el expediente 4068/2016: “me anduvo buscando hasta que me encontré”. Lo iba a denunciar, pero él le dijo: “señora si usted me mete a la cárcel, se va conmigo porque usted falsificó los papales que ella usó para entrar a la maquila”.

la sorpresa

En su nueva realidad, Michel, ahora con 24 años, pensó que dejaría atrás la vida de marginación y agresiones de sus padres. No fue así. El nuevo ciclo de violencia sólo cambió de perpetrador: “Me castigaba, me pegaba, no me dejaba salir. Me daba de comer una vez al día. Me tenía secuestrada”.

Con dificultades logró escapar. Un día, recordó que llevaba meses sin menstruar: “Mi mamá me llevó a consulta. Resultó que tenía seis meses de embarazo. Y mi mamá me dijo: “No le vayas a decir que estás embarazada, porque te lo va a quitar”. No le hice caso. Quería que mi niño conviviera con su papá. No me importaba que me diera pensión, lo único que quería es que tuviera un padre”.

Todo indicaba que Michel sufría el síndrome de Estocolmo. El vínculo afectivo hacia su captor estaba vigente: “Le mandé mensaje por messenger en Facebook. Vino y habló con mi mamá y aseguró que se haría responsable. Pero no fue así. Joel quería que me fuera a vivir con él. Yo no quería. Me alivié viviendo con mi mamá. Él no pagó el parto, no me daba para los pañales, ni para la leche. No me daba absolutamente nada. Y como yo no quería que mi hijo creciera en el ambiente que yo vivía en la pobreza, decidí juntarme otra vez con él”.

Muy pronto se dio cuenta que cometió un grave error. El maltrato ya no era sólo contra ella, también contra el niño: “Si no le hacía caso, me castigaba. Me mandaba a dormir con el niño a la banqueta. Me golpeaba mucho y lo peor, sin darnos de comer”.

círculo vicioso

La convivencia era insoportable. En su cautiverio, Michel intentó estudiar, terminar la preparatoria, estudiar inglés. Joel le respondió que eso “no servía para nada”. La vigilancia fue en aumento: “No me dejaba salir, no me dejaba ver a mis papás, no me dejaba ver a nadie, ni ir al parque a hacer ejercicio. Así duramos un año y dos meses”.

Luego siguió un período de desgaste. Enganchada a esa relación abusiva, Michel terminaba regresando. Hasta que por fin, tuvo el valor de decirle adiós a su verdugo: “Yo le decía déjame vivir aquí hasta que cumpla 18 años. Él me dijo que no, que si me iba otra vez, ya no regresara nunca. Y así fue. Volví a trabajar en la maquila en el turno de noche porque en el día cuidaba a mi hijo, aunque con el cambio de turno lo metí a la grúa”.

Cuenta que Joel estaba preparando el terreno de lo que pensaba hacer judicialmente y hablaba mal de ella con las maestras de la guardería. Y al niño le repetía lo mismo: “Tú mamá nos abandonó. Tu mamá no te quiere”.

Dice que en la maquila hicieron reajuste de personal y la despidieron. Y volvió a solicitarle “apoyo” para la manutención del menor: “Tenía que tener relaciones con él para que me diera dinero”.

Finalmente, Michel solicitó apoyo al estado. Comprendió que la pensión alimenticia para su hijo no era una concesión, sino un derecho y fue canalizada con la abogada Rocío Evelyn Barraza Martínez, del Instituto Chihuahuense de las Mujeres: “Ella me convenció. Me dijo que le diera la guarda y custodia compartida. Ella y el abogado de Joel me hicieron firmar un documento. Luego me di cuenta que la licenciada Barraza es la mejor amiga del abogado del papá de mi hijo”.

Agrega: “Me dijeron que el niño estaría con él una semana y otra semana conmigo, pero sin darme un sólo peso. Ni sabía que la pensión alimenticia es por ley. Nunca me dio nada, pero todo empezó a escalar, porque el juez nunca estipuló a qué hora podía recoger al niño. Él dijo que tienes que recogerlo cuando yo quiera y donde yo quiera”.

Sin asilo politico

Las convivencias del niño con su padre se alargaban más de la cuenta. Y cuando Michel reclamaba, Joel le decía: “No voy a descansar hasta quitarte al niño. Ya no te lo voy a dar, prefiero que se lo quede el DIF porque tú eres una mala madre. Siempre que hacíamos los intercambios se poníamos a pelear enfrente del niño”.

Cuando fue con la abogada Barraza Martínez para solicitarle el cambio de la guarda y custodia, le respondió que no se podía: “Intenté todo para cambiar la situación y nadie me hizo caso. Y me fui a Estados Unidos con mi niño. Intenté pedir asilo político”.

Michel y su hijo fueron deportados en la frontera de El Paso, Texas. Y lo que es peor: el gobierno de Donald Trump le impuso un castigo: “Me pidieron demostrar que mi vida y la de mi hijo corrían peligro. Les mostré fotos y mensajes de las amenazas de muerte, pero no me hicieron caso. Me quitaron la visa. Me la bloquearon por cinco años. Y se burlaron de mí”.

Al volver, intentó denunciar ante la Fiscalía Especializada de Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género ya la Familia, la violencia ejercida por el padre de su hijo: “Tengo fotos que demuestran los golpes, mensajes con las amenazas de muerte. La licenciada Reina Pimentel me dijo que podía luchar por la guarda y custodia del niño. Mi hijo ya no quería ver a su papá porque decía que lo violentaba y se la pasaba borracho”.

Trampas judiciales

Michel acudió entonces a la Fiscalía de Chihuahua especializada en Delitos de Violencia Familiar, Delitos Sexuales contra la Familia y Trata de Personas donde le dieron el caso 37-2025-0025840 con el Ministerio Público Norma Elia Domínguez Rivera, quien expresó que ya conocía su caso y la criticó poniéndose del lado del padre de su hijo a quien denunció por violencia familiar: “Le puso en el papel que el niño no quería convivir con su papá porque tomaba y no lo dejaba salir a la calle y no lo llevaba a pasear. Omitió ponerle que su papá lo maltrataba”.

Cuando la citaron para una audiencia, dijo que pensaba que era sobre su denuncia, pero se enfrentó a una maniobra del Ministerio Público, quien ya había citado a la contraparte y le dijo: “Lo siento mucho ya no puedes tener a tu hijo. Se va a quedar con los familiares del papá”. Yo le pregunté por qué estaban ellos ahí. Y el Ministerio Público dijo: “Él iba pasando por aquí con sus familiares, por eso está aquí”.

Añadió: “Nos metieron a una sala. Cuando el niño vio a su papá empezó a temblar. Y yo le dije, si no quieres abrazar a tu papá, no estás obligado mi amor. Y él me empezó a insultar: “Tú no te metas pinche culera, mala madre, perra”.

En ese momento, le mencionó al Ministerio Público que el padre de su hijo tenía orden de restricción: “Ella dijo: “Ustedes dos niños parecen chiquitos peleando enfrente del niño”. La MP le aseguró: “Ahora sí señor abrace al niño”. Pero el niño estaba temblando y así se quedó. No nos pusimos de acuerdo. Y luego nos dijeron que el niño sería trasladado al DIF. Yo le advertí: “Prefiero que te lo llevas tú, allá me lo van a violar, quédatelo. No, te lo mereces, prefiero que el niño se quede en el DIF para que sufras”.

Su hijo estuvo cuatro meses en el DIF. La encargada, Lorena Córdova le advirtió que tenía que cumplir los requisitos para regresárselo, entre ellos, no tener demandas, pero Michel tiene seis procesos interpuestos por el padre de su hijo: “Les presenté dos de mis familiares para que me dieran el niño, pero no quisieron y se lo dieron a los familiares de él de manera provisional mientras me hacen exámenes y demuestro que estoy bien; cuando el violento es él”.

Sin retorno

Michel lleva siete meses sin ver a su hijo. Cuando comenzó a defenderse en el juzgado se dio cuenta que ya tenía media docena de procesos judiciales en su contra: la carpeta 15870/25 contra la integridad física y daños, la 2684/25 por omisión de cuidados y por alterar la paz, la 25799/25 por violencia familiar, la 28407/25 por omisión de cuidados. También se enteró que tenía una orden de captura con fecha del pasado 10 de febrero de la carpeta 4676/25.

Muestra los mensajes enviados por el padre de su hijo a su hermana: “Te hablo a ti para que me ayudes porque tú sabes bien que tu hermana Michel está mal de la mente y no se puede razonar con ella, pero pues ni modo, si no tengo su ayuda la mantendré demandándola a cada rato”.

En entrevista, el abogado, Eduardo Valle, que defiende a Michel, denuncia la mala actuación de la Fiscalía de Chihuahua y del DIF. Afirma que pusieron una queja ante la Comisión de los Derechos Humanos y ante la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas: “La intención de Unzueta Martínez es quedarse con el niño cuando él nunca se hizo responsable, nunca ha dado pensión. Él remarca: “Como no quieres estar conmigo, te quito al niño”.

Michel ha seguido estudiando. Terminó la prepa, estudió auxiliar de enfermería y unos cursos de criminalística: “Ahora quiero estudiar leyes. Dios quiere que sea abogada para ayudar a otras personas”.

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