Patrick Wang rompe el cliché de Rimbaud en su nueva película

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Patrick Wang rompe el cliché de Rimbaud en su nueva película

“Siempre se reinventaba, por eso esta obra también debía hacerlo”, dijo el director a La Jornada

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▲ Sobre estas líneas, el cineasta (izquierda) y el actor Blake Draper detrás de cámarasFoto cortesía de la producción

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▲ Imagen promocional de A. Rimbaud.Foto cortesía de la producción

Daniel López Aguilar

Periódico La Jornada
Sábado 16 de mayo de 2026, pág. 5

Arthur Rimbaud aparece solo, pero nunca aislado. A su alrededor no hay un reparto visible ni una reconstrucción histórica convencional.

El poeta francés surge desde un fondo negro, entre fragmentos de decoración, instrumentos musicales y una presencia capaz de sostener, durante tres horas, una vida de fuga, deseo y obstinación. Así ocurre en A. Rimbaud, La nueva película de Patrick Wang.

“Debes escuchar a tu protagonista. Dejé que esa voz me dijera la forma que debía tener su largometraje. Siempre me ha parecido extraño que las vidas de artistas explosivos se cuenten a través de clichés”, explicó el director estadunidense en entrevista con La Jornada. “Se reinventaba constantemente, y por eso esta obra también debía hacerlo”.

Para describir esa idea recordó una anécdota del arquitecto Louis Kahn sobre un ladrillo al que le preguntan qué forma prefiere, y ésta responde: “Me gusta un arco”.

La cinta tuvo su primera función el 12 de mayo en el Roxy Cinema de Nueva York, sala de inspiración art déco dedicado al cine independiente ya las proyecciones en 35 mm. Las siguientes exhibiciones serán los días 20 y 26 del mismo mes en el mismo recinto, con una estrategia poco habitual: una sola función por semana.

El único actor es Blake Draper, conocido por Pacto de graduación y Cebo de clics. Sobre él recae Arthur Rimbaud (1854-1891) desde los 15 hasta los 37 años: sus días escolares en Charleville y los últimos años en África. Wang insistió en que la película no busca funcionar como documental ni como biografía ilustrada.

La relación del cineasta con el poeta francés comenzó mucho antes del rodaje. Durante años tuvo un volumen de Rimbaud en su biblioteca sin lograr entrar en él. Todo cambió después de ver una producción protagonizada por un actor solista que le parecía vacía de imaginación. Entonces se preguntó qué vida podría sostener un formato así.

“Leer en orden lo modificó por completo. Luego leí sus cartas, y eso volvió a alterar mi percepción. Muchas de ellas son peticiones de libros. Me identifico con eso”, recordó el realizador.

Más allá de las biografías

A partir de esos materiales encontró un poeta distinto al de las biografías tradicionales. La propuesta nació desde ahí: no desde el mito del adolescente maldito, sino desde una figura contradictoria y empujada por una necesidad de seguir adelante.

Ese impulso también definió el trabajo de Draper. Wang (Houston, Texas, 1976) evitó construir el personaje desde la caricatura física del envejecimiento. El centro estaba en las esperanzas, las frustraciones y la persistencia de una misma voz interior.

“Desde fuera, la vida de Arthur parece muy diferente en su adolescencia que en sus 30 años. Pero cuando lees sus cartas, puedes escuchar la misma voz”, señaló.

Draper contó con prótesis discretas de Doug Morrow, maquillaje de Brie Tait y variaciones fotográficas para señalar el paso del tiempo. Según Wang, varias personas creen que intervienen distintos intérpretes conforme avanza la historia.

Muchos colaboradores rechazaron otros trabajos para sumarse al proyecto. Frank Barrera, su fotógrafo habitual, filmó en 35 milímetros. Los decorados aparecen incompletos sobre espacios negros que eliminan cualquier ilusión realista. Una pared, una cama o una mesa bastan para indicar ciudades o etapas enteras.

“Esto trastoca tantas reglas y expectativas de rodaje que ninguna toma se podía dar por sentada”, comentó Patrick Wang. Barrera llevó cada idea más lejos, consciente de que quizás nunca volvería a tener un grado semejante de libertad creativa.

Presencias sonoras

La música ocupa otro sitio decisivo. Aunque Draper es el único cuerpo visible, los demás personajes aparecen mediante instrumentos musicales. Paul Verlaine toma forma en la viola de Matthew Lipman; el emperador Menelik surge desde la begena etíope interpretada por Kibrom Birhane. El lenguaje sonoro nació junto con el compositor Dan Schlosberg.

El cineasta también encontró una puerta hacia Rimbaud en su trabajo íntimo de traductor. Ha llevado al inglés poesía de Iván Bunin, Georg Trakl y Julian Tuwim. “Traducir es la forma más cercana a la lectura”, afirmó. Con el poeta francés sintió algo distinto: “Parecía estar escribiendo todo por mí”.

También compartió su deseo de que A. Rimbaud llegue a México. Recordó que la primera traducción del poeta fue al español y que esa escritura “habla al mundo”.

Después de en la familia y una fábrica de pan, nominadas a los Independent Spirit Awards, evita hablar de trayectorias profesionales. Prefiere pensar en la huella que dejó dentro de él. “Me sorprende su capacidad para seguir adelante. Incluso al final, al perder la parte más vital de sí mismo, seguía haciendo planes”, concluyó Wang.

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